Ser psicóloga me absorbe muchas horas porqué tienes que estar siempre aprendiendo para mejorar cada día en tu profesión. Si no es leyendo es preparando una charla, haciendo un curso.
Pero me he dado un espacio para mi vida personal. Me he apuntado a Yoga y he empezado un curso de escritura que dura sólo dos meses... jejeje.
El otro día tuvimos nuestra primera clase. Aquí está el resultado de veinte minutos de escritura en la sesión....
SIMETRIA
Rosa y
Juan se conocieron hace tiempo. Ella aún llevaba coletas y a él le gustaba
salir hasta altas horas de la noche.
Ella se
enamoró de su pelo moreno y rizado. No pensó en
nada más. Quería escapar de su casa y Juan le ofreció la atención que tanto le había
negado su padre.
Viven
juntos en un piso de Sevilla que habían comprado hacía años, en el barrio de
Santa Justa.
No se
habían movido de allí. Como su amor que se había quedado estancado en aquel
primer día cuando se juraron amor infinito. Ninguno de los dos fue capaz de
romper esa promesa aunque sabían que des el primer mes nada había sido parecido
a los primeros días llenos de ilusiones y planes.
Ella lo
tiene claro aunque no sabe cómo salir de la espiral en la que ha metido. Cuanto
más mal la trata, más le quiere y no puede dejarlo. ¿Qué hará sin mí? No sabe hacer nada. Volverá
a caer en el acohol. Ya no bebía pero seguía pegándole. Rosa había querido huir
de su padre y había encontrado un cromo repetido. ¿Por qué? Buscaba razones y
salidas pero era incapaz de actuar.
Juan
hacía tiempo que pensaba en silencio. Nunca le había gustado compartir sus
sentimientos. Posiblemente nadie le había enseñado. Ahora que lo pensaba su
padre le había hecho tragarse las lágrimas desde bien pequeño. ¿Y no era así
cómo se trataba a una mujer? Así era como su padre trataba a su madre y esta le
quería y amaba por encima de todo.
El
quería que Rosa lo amara así pero hacía unos años que la notaba distante. Él
había dejado de beber hacía tiempo, ya, bueno, alguna vez se le había ido la
mano, pero es que ella lo provocaba.
Aquella
noche Rosa le dice que eso no era amar. Que amar era respetar, ser sincero,
escuchar. No parecían palabras suyas. ¿Dónde las había escuchado? Que el amor
no eran palabras sino hechos y que sus hechos no demostraban ese amor. Le dijo
que se había dado cuenta de que no lo amaba, que no podía seguir con él. ¿Pero
cómo se atrevía? Él lo había dejado todo por ella: sus amigos, su familia
incluso.
Ella lo
había dejado todo por él, al principio empujada por por sus celos. “No quiero
que te relaciones con esa, es una fresca.” “ese amigo tuyo sólo quiere
aprovecharse de ti”.
Ahora
iba todos los lunes a un grupo de apoyo aunque Juan no lo sabía. Quería
descubrir porqué aún seguía con él. Se
había engañado creyendo que era por sus hijos pero se había dado cuenta que
Ramón empezaba a comportarse como su padre y ahí le había entrado el miedo.
Buscó ayuda y la encontró. Al menos veía
más claro el proceso que había estado viviendo todos estos años, podía ponerle
un nombre incluso: círculo de la violencia se llama.
Juan
sigue sentado en la cama aguantándose la
cabeza con las manos. No cree lo que le ha dicho Rosa aquella mañana antes de
irse. Tenía pensado dejarle. Quería empezar a mirar los papeles del divorcio,
los acuerdos.
Pero
aquello que le dijo antes de salir de la habitación le había calado muy hondo.
“Jamás encontrarás a nadie si no haces el esfuerzo de cambiar. Yo ya no puedo
volver a amarte. No quiero que ninguna mujer vuelva a pasar por lo mismo.
Coge la
tarjeta que Rosa le había dejado encima de la mesita de noche.
¿Quieres
dejar de ser un maltratador?
Marcó el
número de teléfono que aparecía.
-
Sí. Centro de ayuda al hombre
maltratador, dígame…
-
Quiero entender porqué he llegado hasta
el punto en el que me encuentro…
Me gustaría que me dierais vuestra opinión, al fin y al cabo... está relacionado con la psicología.

